¿Un nuevo Corralito en Argentina?

Por: Prof. Dr.Carlos Eduardo Daly Gimón

Cualquier argentino del siglo XXI sentirá cierto desasosiego cuando sepa que el renombrado Corralito del cual se habla tanto en su país, es, de acuerdo a una definición de sentido común, un “pequeño recinto cerrado con red o mallas como paredes y el suelo blando, donde se pone a los niños que aún no andan para que jueguen” (Diccionario Espasa Calpe 2001).

Según Wikipedia [1] y otras fuentes, quién acuñó tan sonoro término fue el periodista Antonio Laje, conocido por sus opiniones económicas y programas de radio, y quién haciendo uso de una analogía entre el significado de esa palabra y la realidad de las restricciones en los retiros bancarios, la hizo muy popular e incluso internacional, pues posteriormente se utilizó en la crisis de Chipre (2013), y en Grecia (2015).

Técnicamente, el término Corralito aplicado al ámbito macroeconómico, es la imposibilidad de acceder libremente a la disponibilidad del dinero en efectivo decretada por la dirección económica de la nación. 

Tiene, una decisión de esta naturaleza, la finalidad de controlar el volumen de dinero que manejan los bancos e instituciones financieras y, consecuentemente, evitar que situaciones de nerviosismo y eventuales corridas bancarias puedan  conducir a la caída del sistema monetario y financiero del país. 

Conviene, asimismo precisar, que el Corralito supone limitaciones en las transferencias al exterior [2].  

En una interpretación diferente, se afirma que el Corralito persigue, más que todo, intensificar el uso de los medios de pago electrónicos con la finalidad de  reducir la evasión fiscal, y así incrementar el uso de las operaciones bancarias por parte de amplios sectores la población [3]

Son criterios contrapuestos que se aplican a un mismo fenómeno económico.

Aquí nos ocupamos de abordar el Corralito desde el primero de los enfoques referidos.

El antecedente más importante del Corralito del 2001 en Argentina es el sistema de convertibilidad del peso argentino con respecto al dólar impuesto por D. Cavallo, en el gobierno de C. Menen (1989-1995 y 1995-1999).

En ese esquema económico se juntaban un elevado déficit fiscal, una cuantiosa deuda externa, y un tipo de cambio que significaba prácticamente un anclaje del peso con respecto al dólar; conocido por aquellos tiempos como la convertibilidad. 

Esos factores alimentaron las dudas de una suspensión de pagos y la posibilidad de que los bancos pudieran encontrarse ante una corrida bancaria. 

El programa económico aplicado por el gobierno el año 2000 conocido como el “Blindaje”, terminó impulsando el alza de impuestos, la disminución de los salarios, recortes de servicios sociales, y una recesión económica, estimulando a su vez la fuga de depósitos bancarios a partir de 2001 así como la solicitud de asistencia financiera  ante el Fondo Monetario Internacional.

Hacia octubre del 2001 se derrumban los principales indicadores macroeconómicos, el producto sectorial muestra un fuerte descenso lo cual repercute en la mayoría de las actividades productivas, y las cifras del paro junto a la de los trabadores subocupados alcanzan niveles inquietantes al aproximarse a 34% de la población ocupada.

En diciembre de 2001 estalla el Corralito, anunciado oficialmente por el presidente en ejercicio Fernando de la Rúa.

Se produce entonces la prohibición de retiros masivos de dinero, para, de esa manera, intentar detener la compra de dólares por parte de los ahorristas en razón de que había rumores generalizados de que la devaluación era inminente. 

La alarma y la desconfianza en la conducción de la política económica se convierten en una variable crucial para comprender el escenario que se desarrolla en todo el país.

La economía argentina ingresa en el camino de un endeudamiento elevado y comprometedor que todavía perdura [4].

El descontento generalizado conduce a protestas crecientes, y hacia mediados de diciembre importantes supermercados de Buenos Aires y otras ciudades son saqueados, y el primer mandatario De la Rua declara el estado de sitio.

Pocos días después renuncia y abandona la Casa Rosada para dar paso al breve gobierno de Rodriguez Saa, a quién le sigue Eduardo Duhalde, y, podemos afirmar, le da continuidad a esa política económica hasta diciembre de 2002.

El Corralito argentino dura un año, pero su impacto sobre la economía y la sociedad dejó importantes secuelas que se han replanteado en el marco de las medidas recientemente adoptadas en el año que transcurre.

La situación actual tiene de nuevo como protagonista al FMI, quién a la solicitud  del gobierno de M. Macri decide otorgarle un préstamo por el orden de los 50.000 millones de $.

Como acostumbra a hacerlo la organización financiera más influyente del sistema financiero internacional, junto a los préstamos de asistencia vienen las evaluaciones técnicas y las recomendaciones para la aplicación de medidas de ajuste o Plan de Ajuste.

Para la Argentina, la meta fiscal para 2018 es de 2.7% del PIB, y en 2019 alrededor del 1.3%. 

Ello supone significativos recortes en los subsidios a la energía y el transporte, racionalizar  el empleo público, disminuir la compra de bienes y servicios así como las transferencias a las provincias, suspender una serie de proyectos públicos y liquidar un conjunto de activos gubernamentales.

El aporte inicial del FMI fue de 15.000 millones del primer tramo del Acuerdo, sin embargo ello no ha calmado los niveles de incertidumbre en los mercados y los rumores acerca de una eventual cesación de pagos han ido en aumento. 

La confianza sigue siendo el factor decisivo.

Asimismo, el nerviosismo  de los mercados monetarios y financieros es la muestra más evidente en las transacciones regulares. Hace una semana apenas, el dólar saltó más de dos pesos en las casas de cambio de Buenos Aires, llegando hasta los 34,45 pesos por unidad, un 7% más que pocos días atrás, y su mayor valor desde la salida de la convertibilidad en enero de 2002.

La depreciación de la moneda ha sido la característica predominante, al punto de que las reiteradas intervenciones del Banco Central no han servido para detener la fuerte caída del peso en los últimos días. 

Eso nos hace suponer que una eventual corrida hacia el dólar hará poco menos que insignificante los fondos provenientes del exterior, y, planteará, de seguir las cosas así, nuevas y mayores fuentes de financiamiento.

En esta cada vez más compleja realidad, la reciente liberación de 3.000 millones de $ es un mensaje a los inversores de que el país cuenta con fondos suficientes para enfrentar cualquier situación de inestabilidad económica.

En materia de inflación, las estimaciones originales se calcularon por el orden del 15,7% para 2018, aunque de acuerdo como se comportan las principales variables ya avanzado el ejercicio fiscal, las estimaciones más optimistas andan alrededor de 32%, es decir, más del doble de la valoración inicial. 

Por su parte, la paridad cambiaria se suponía debía estabilizarse alrededor de los 19 pesos y en agosto de este año ya superó la barrera de los 32 pesos. Otro indicador muy revelador de este contexto es que la subida del PIB no será, como lo pronosticaron los voceros gubernamentales, de 3,2%, muy por el contrario, se estima de una caída de alrededor del 1% en el año que corre.

En ese orden de ideas, la CEPAL ha pronosticado un retroceso del 0,3% para la economía argentina para 2018, muy distinto del 2,5% originalmente proyectado el mes de abril próximo pasado.

Esa cifra contrasta con el crecimiento económico de Argentina  en 2017, que fue de un 2.9%.

La caída en el crecimiento económico vista sectorialmente muestra los siguientes resultados: la actividad agropecuaria(-31%),la pesca(-16%), el comercio (8,4%) y la industria manufacturera (-7,5%). De lado de los buenos resultados destacan la explotación minera (+4,9%), la intermediación financiera (+4,6%) y la electricidad, gas y agua (+4,3%).

Por otra parte, el problema cambiario ocurre en medio de una difícil coyuntura. 

El alza de los intereses de la Reserva Federal ha agravado la salida de capitales, una retirada de inversiones internacionales y un encarecimiento del crédito interno. Ello puede resumirse en los criterios del Secretario Adjunto de la CEPAL, quién ha dicho: "Argentina necesitaba liquidez y para obtenerla se vio en la necesidad de buscarla en una situación internacional nada fácil" [5].

La depreciación del dólar ya alcanza cerca de un 65%, la inflación se ha disparado, y puede que llegue al 35%, y como ha sido el aprendizaje de la crisis del Corralito de principios del siglo XXI, cuando sube el dólar y sube la inflación estamos a las puertas de una crisis económica.

La situación social también trae recuerdos de los tiempos del Corralito de principios de siglo. 

Por citar un caso, los influyentes sindicatos argentinos no están dispuestos a aceptar la pérdida acelerada del poder adquisitivo, y su capacidad de movilización ya empezó a manifestarse con huelgas y protestas antigubernamentales. Igual ocurre con otras organizaciones sociales ante el aumento de la desigualdad y de la pobreza. Son la expresión de las reivindicaciones colectivas que agitan todo el país.

M. Macri intenta capear el temporal en el que se encuentra. Las informaciones son realmente preocupantes. 

A finales de agosto las tasas de interés treparon hasta el 60%, el peso perdió el 16% de su valor frente al dólar, y el Banco Central tiene que ofertar  675 millones de $ de las Reservas Internacionales para intentar detener la depreciación de la moneda.

Ciertamente, el factor confianza está allí presente, y hoy más que nunca la calma de los inversores y la certeza en su capacidad de pagos son los factores determinantes en la estabilidad de los mercados, y  en el devenir de una política económica de bienestar y desarrollo en la nación argentina.  

Nadie puede predecir los acontecimientos económicos que se avecinan, pero de que ello ha venido a rememorar el Corralito del 2001 en Argentina, no hay la menor duda.

M. Macri aspira a la reelección en 2019. Ya veremos.


[2] La bibliografía sobre el Corralito en general es amplia, sobre el Corralito argentino más aún. Los libros que  recomendamos consultar son: “El Corralito”, y  “El Corralito: un experimento argentino que viaja a europa” del periodista L. di Matteo. Igualmente “El Corralito: historia de una colosal estafa al pueblo argentino” de Fernando Biagosch”, e “Hijos del Corralito” de Angel María Fernandez.
[3] Veáse https://es.thefreedictionary.com/corralito  Consultado en 28/08/2018.
[4] Veáse el  excelente artículo de Esteban Lafuente   “Cuál es la deuda externa argentina y cuánto tiene que pagar el país hasta 2021”, publicado en el diario  La Nación "https://www.lanacion.com.ar/2141793-que-deuda-externa-tiene-la-argentina-y-cuanto-tiene-que-pagar-en-los-proximos-ano . Consultado el 01/09/2018.
[5] Veáse https://www.cepal.org/es  Consultado el 01/09/2018.

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